Esta pasada noche he terminado el libro de Andrés Pascual, El guardián de la flor de loto. No es éste el típico libro de acción y aventuras (que también las hay, porque cruzar el Himalaya tras un tesoro es toda una aventura) y sus páginas están llenas de espiritualidad budista y tibetana. Un repaso a la reciente historia del Tíbet y su conflicto con China así como a sus aspectos político y religioso. Un buen libro con un tema muy de actualidad. Mientras tanto nos siguen llegando las noticias de detenciones de lamas en Tíbet o de protestas por todo el mundo mientras la llama olímpica sigue su curso hacia Beijing. Os dejo una meditación que viene en el libro y que a mi me ha parecido muy buena.
Un hombre que vivía en un país donde no existían árboles de sándalo llevaba tiempo obsesionado por saber como olía aquella madera, ya que mucha gente le había contado maravillas acerca de su exótico aroma. Para ello consultó con su maestro, el cual se limitó a regalarle un lápiz. Un poco decepcionado, el hombre usó el lápiz para escribir a sus amigos de otros países pidiéndoles que le mandasen un pedazo de la anhelada madera. Escribió una carta tras otra, pero nunca obtenía contestación. Sin embargo un día, mientras mordisqueaba el lapicero pensando en quién le quedaba por escribir, percibió un dulce perfume. Fue entonces cuando se dio cuenta de que siempre lo había tenido en sus manos. El perfume que le embriagaba surgía del corazón de su propio lápiz de sándalo.
Todo está en nosotros… solo hay que darse cuenta y mirar de vez en cuando a nuestro propio interior.
