Ayer se cumplieron 40 años de una muerte injusta y como en esta existencia nuestra la muerte suele traer vida, hoy quiero recordar que hace 100 años nacía en el mismo lugar que viera nacer a Mozart, esto es, Salzburgo, Herbert von Karajan. Este director de orquesta austríaco, azote de cantantes y recordado por haber sido durante más de 30 años el titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín dejó para la posteridad más 900 grabaciones. Dejando atrás la vergüenza de estar afiliado al Partido Nazi alemán (curioso es que después se casara con una descendiente de judíos… el amor no tiene ojos… dicen) se puede afirmar que para la mayoría de los mortales cuando se les pide el nombre de un director de orquesta dicen Karajan. Aparte del producto mediático en que se convirtió (para bien de la música clásica) Karajan era un director admirado y odiado a parte iguales cuya principal virtud con la batuta era la búsqueda de la pureza en el sonido a través de una técnica exquisita, principalmente en el repertorio romántico. Como curiosidad señalar que Karajan estuvo en la primera presentación del formato de disco compacto (CD) cuyo apoyo fue decisivo en su desarrollo. La duración normal de un CD, 74 minutos, es la duración media de la 9ª Sinfonía de Beethoven, y se dice que von Karajan fue quien pidió esta duración precisamente para que cupiese esta obra inmortal en un solo disco. Prácticamente todas sus grabaciones están realizadas con Deutsche Grammophon.
Nada mejor que verle a él, al melómano director, dirigiendo su orquesta, la Filarmónica de Berlín, en estractos de la Novena del genial sordo.